Los colectivos opositores al proyecto del Cablebús en Puebla han convocado a una nueva manifestación para el próximo 31 de mayo en Paseo Bravo. Bajo consignas como “Cablebús ecocida” y “megaproyectos que impactan la vida y el territorio”, diversas organizaciones ambientalistas y vecinales buscan mantener activa una protesta que, hasta el momento, ha tenido mayor presencia en redes sociales que en las calles.
La convocatoria para el 31 de mayo surge tras varias movilizaciones realizadas durante marzo, abril y mayo contra el proyecto impulsado por el gobierno estatal. Sin embargo, pese a semanas de activismo digital, conferencias y campañas en plataformas como Change.org, las protestas han registrado una participación considerablemente reducida en comparación con la población total de la zona metropolitana de Puebla, que supera los 3.1 millones de habitantes.
De acuerdo con imágenes y coberturas periodísticas de los propios eventos, las marchas recientes han congregado apenas a algunos cientos de asistentes. Incluso medios afines a la protesta han evitado proporcionar cifras oficiales de asistencia, limitándose a describir la presencia de “colectivos”, “ambientalistas” o “ciudadanos inconformes”. En fotografías y videos difundidos por los organizadores se observan contingentes modestos, lejos de las grandes movilizaciones urbanas que históricamente han paralizado Puebla por causas de amplio consenso social.
En el ámbito digital, la petición en Change.org contra el proyecto reporta alrededor de 63 mil firmas. Sin embargo, incluso si se consideraran todas como reales y exclusivamente poblanas —algo que no puede verificarse—, representarían apenas cerca del 2% de la población metropolitana. Esto significa que más del 98% de los habitantes no aparece respaldando la campaña.
Los argumentos centrales del movimiento opositor también presentan vacíos técnicos. Los colectivos han calificado el proyecto como un “ecocidio”, aunque hasta ahora no han presentado públicamente estudios ambientales independientes, modelaciones de movilidad, análisis de emisiones ni propuestas integrales alternativas de transporte masivo.
Por su parte, el gobierno estatal sostiene que el Cablebús busca reducir los tiempos de traslado y las emisiones contaminantes mediante un sistema eléctrico de movilidad urbana. Además, ha defendido que el impacto arbóreo será limitado y compensado mediante reforestación y trasplantes.
Uno de los puntos más cuestionables del discurso opositor es la crítica a un sistema de transporte eléctrico, mientras Puebla enfrenta diariamente problemas más graves derivados del uso masivo de automóviles, microbuses obsoletos y transporte altamente contaminante. Especialistas en movilidad urbana han señalado que sistemas como teleféricos urbanos y corredores integrados contribuyen a disminuir el tráfico, los tiempos de traslado y las emisiones en ciudades densas y con zonas de difícil conectividad.
Cabe destacar que en la nueva convocatoria para el 31 de mayo se han utilizado ilustraciones caricaturizadas, slogans alarmistas y llamados abiertos contra los “megaproyectos”, aunque el Cablebús no tiene las dimensiones urbanas de otras obras metropolitanas de gran escala.
Finalmente, mientras los colectivos denuncian una supuesta “falta de diálogo”, varios medios han documentado que el gobierno estatal ha reiterado públicamente su disposición a debatir y transparentar información sobre el proyecto.
Hasta ahora, la oposición al Cablebús no ha logrado convertirse en un movimiento masivo fuera de ciertos círculos universitarios, ambientalistas y activistas digitales. Las cifras actuales muestran que millones de poblanos continúan utilizando diariamente un sistema de transporte deficiente, mientras que las protestas contra el Cablebús permanecen numéricamente pequeñas, altamente ideologizadas y amplificadas principalmente a través de redes sociales.

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