Las autoridades de los Países Bajos confirmaron recientemente el primer caso de eutanasia practicada a un niño de entre 1 y 12 años desde que en febrero de 2024 entró en vigor la normativa que permite este procedimiento en menores con enfermedades incurables que sufren de forma insoportable y sin perspectivas de mejoría.
La ministra neerlandesa de Salud, Sophie Hermans, informó al Parlamento que la comisión encargada de evaluar los casos de interrupción tardía del embarazo y terminación de la vida en recién nacidos y niños recibió la notificación a finales de 2025 y concluyó su examen del caso en fechas recientes.
Según explicó la ministra, la comisión revisó el expediente, escuchó al médico responsable y remitió su dictamen a la Fiscalía, que ahora debe determinar si el facultativo actuó conforme a la legislación vigente. No se ha revelado la edad exacta del menor ni la enfermedad que padecía, respetando la confidencialidad del caso.
La normativa vigente desde febrero de 2024 amplió el marco legal para permitir la eutanasia en niños de entre 1 y 12 años que se encuentren en fase terminal y sufran de manera insoportable sin esperanza de recuperación. Esta decisión debe contar con el consentimiento de los padres y ser evaluada por al menos un médico independiente, garantizando así un proceso riguroso y respetuoso con la dignidad humana.
El informe de la comisión señala que este es el primer caso registrado en esta categoría desde la ampliación de la legislación, que anteriormente solo contemplaba a recién nacidos y a menores mayores de 12 años. Al aprobarse la normativa, se estimó que alrededor de cinco niños al año podrían cumplir los requisitos para acceder a este procedimiento, en su mayoría con anomalías congénitas o enfermedades metabólicas.
La introducción de esta posibilidad generó un intenso debate político y ético en los Países Bajos. Partidos conservadores y confesionales han cuestionado la regulación, mientras que asociaciones médicas han defendido la necesidad de contar con un marco legal para situaciones excepcionales de sufrimiento extremo, buscando siempre preservar la dignidad y el respeto a la vida.
Por otra parte, la comisión también recibió en 2025 tres notificaciones de interrupciones tardías del embarazo, todas relacionadas con fetos afectados por graves daños cerebrales derivados de infecciones congénitas por citomegalovirus. En estos casos, los médicos actuaron tras constatar la ausencia de tratamientos capaces de mejorar el pronóstico, y que, de llegar al nacimiento, los niños habrían padecido discapacidades neurológicas severas, epilepsia de difícil tratamiento y dependencia total de cuidados. La comisión concluyó que los médicos actuaron conforme a los requisitos legales de diligencia.
Este caso pone de manifiesto la complejidad y sensibilidad que rodea la aplicación de la eutanasia en menores, un tema que exige un equilibrio cuidadoso entre la compasión, la ética médica y el respeto a los valores fundamentales de la sociedad.

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